El pasado sábado fui a la exposición de fotos de Richard Avedon que está en el Jeu de Paume, un espacio bastante grande situado en los jardines de las Tullerías. Tenía ganas desde que vi una reseña en no se qué revista, o igual en el metro, porque Telerama le ha dedicado su portada recientemente y hay carteles que lo anuncian en cada esquina. En cualquier caso, quería ir porque su trabajo me llama mucho la atención, me parece sorprendente que haya sido capaz de realizar con maestría tanto fotografía de moda –grandes diseños de Dior, Balenciaga, Chanel, Lanvin...tan frívola y a la vez, tan impactante y atrayente- y retratos de personalidades (Marilyn Monroe, Andy Warhol, Malcom X, Janis Joplin, etc.) como fotos de desconocidos que tienen, si cabe, más fuerza. Son estas últimas fotos, las pertenecientes a la colección In the American West las que vi en Madrid hace años, y ¡cómo me impresionaron!. Para mi que tiene mucho de fotoperiodismo: ese intento de mostrar sin interpretar sabiendo que la objetividad, cuando se utiliza una cámara, es imposible. Fondos blancos, luz natural, ojos que miran directamente al espectador hasta hacerle sentir observado.
Conclusión: altamente recomendable.
La exposición estará abierta al público hasta el 27 de septiembre.
Más información en: www.jeudepaume.org
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13 agosto 2008
10 agosto 2008
Cine clásico cuando oscurece
Mientras en China los deportistas en chándal han empezado a sudar para obtener sus medallas y se esfuerzan en mostrarse prudentes en sus manifestaciones, en el sur de España nadie escapa al calor y se suda también, pero sin querer, y en París, bueno, como era de esperar, en París el cielo está gris y sigue lloviendo.
Entre tormenta y tormenta, la temperatura no es desagradable, aunque no se pueda hablar de calor. Menos mal, porque la temporada de cine al aire libre ha empezado. El martes pasado fui al parque de la Villette para ver un clásico. Creo que este año éste es el tema: las grandes estrellas de Hollywood o algo así. Además, importantísima novedad, hay que pagar una entrada de 2 € por persona. ¡Cómo no habían caído antes!. Pues sí, han acotado con rejas un gran triángulo de césped, muy bien cuidado, todo hay que decirlo, y antes de entrar debes mostrar tu entradita. Después, todo sigue igual, te instalas, sacas la comida y las botellas de vino, haces un pic-nic mientras oscurece e inflan la gran pantalla y luego, ¡a disfrutar de la peli!
Las respuestas de esas películas en blanco y negro no tienen desperdicio y resultan muy divertidas y exageradas para nuestros tiempos. En concreto, la de Laura de Otto Preminger, que pusieron ese día, nos hizo reir a más de uno. “No me arrepiento de nada, Mark”, en boca de la protagonista, suena hiper, super-provocador, cuando ni siquiera se han besado, mientras que el “No te puedes fiar de las mujeres” del investigador resulta tan old school que casi enternece.
Más información en: www.villette.com
Entre tormenta y tormenta, la temperatura no es desagradable, aunque no se pueda hablar de calor. Menos mal, porque la temporada de cine al aire libre ha empezado. El martes pasado fui al parque de la Villette para ver un clásico. Creo que este año éste es el tema: las grandes estrellas de Hollywood o algo así. Además, importantísima novedad, hay que pagar una entrada de 2 € por persona. ¡Cómo no habían caído antes!. Pues sí, han acotado con rejas un gran triángulo de césped, muy bien cuidado, todo hay que decirlo, y antes de entrar debes mostrar tu entradita. Después, todo sigue igual, te instalas, sacas la comida y las botellas de vino, haces un pic-nic mientras oscurece e inflan la gran pantalla y luego, ¡a disfrutar de la peli!
Las respuestas de esas películas en blanco y negro no tienen desperdicio y resultan muy divertidas y exageradas para nuestros tiempos. En concreto, la de Laura de Otto Preminger, que pusieron ese día, nos hizo reir a más de uno. “No me arrepiento de nada, Mark”, en boca de la protagonista, suena hiper, super-provocador, cuando ni siquiera se han besado, mientras que el “No te puedes fiar de las mujeres” del investigador resulta tan old school que casi enternece.
Más información en: www.villette.com
18 mayo 2008
La noche de los museos
Ayer tuvo lugar en Francia la noche de los museos. Se trata de la cuarta edición de una interesante iniciativa del Ministerio de Cultura y Comunicación que consiste en abrir gratuitamente, durante la noche, un gran número de museos y centros culturales con el objetivo de atraer a distintos públicos. En muchos casos, esos centros ponen en marcha actividades que salen de lo habitual para que el atractivo sea mayor: con nuevas iluminaciones de colores, con acompañamiento musical, con performances, con cuentacuentos, con proyecciones audiovisuales…Cada lugar decide su propio gancho. Que conste, Francia no es el país pionero en este evento, por lo visto nació en Berlín hace 30 años.
En París, pasadas las diez de la noche, llamaba la atención la cantidad de gente que se paseaba por las calles, en busca de una u otra dirección del programa. Sí, la gente tenía muchas ganas de cultura nocturna, hay que reconocerlo. El problema es que la noche parisina termina muy temprano. En el museo de Quai Branly, a las 23 h, a pesar de que había una cola de gente animada de más de cien metros de longitud, los organizadores decidieron que ya tenían suficiente y nos advirtieron que ya no entraría nadie. En el programa ponía que el museo estaría abierto hasta media noche. « C’est fini, les amis ! ». Pues nada. ¿Y qué opciones quedaban a esa hora ? Contando el tiempo del trayecto en Velib y teniendo en cuenta que prácticamente todo ponía el candado tan pronto como el museo de las culturas, la única solución era el Museo de Rodin, que cerraba a la una y media de la madrugada y se encuentra junto a Inválidos, bastante cerquita. La curiosidad que pudimos observar en este centro consistía en la visita de los jardines de noche y con linternas. Y en el interior, junto a las estatuas expuestas de distintos materiales, había pantallas planas en el suelo que mostaban gatitos bebiendo leche. « Va savoir » lo que querían decir.
En París, pasadas las diez de la noche, llamaba la atención la cantidad de gente que se paseaba por las calles, en busca de una u otra dirección del programa. Sí, la gente tenía muchas ganas de cultura nocturna, hay que reconocerlo. El problema es que la noche parisina termina muy temprano. En el museo de Quai Branly, a las 23 h, a pesar de que había una cola de gente animada de más de cien metros de longitud, los organizadores decidieron que ya tenían suficiente y nos advirtieron que ya no entraría nadie. En el programa ponía que el museo estaría abierto hasta media noche. « C’est fini, les amis ! ». Pues nada. ¿Y qué opciones quedaban a esa hora ? Contando el tiempo del trayecto en Velib y teniendo en cuenta que prácticamente todo ponía el candado tan pronto como el museo de las culturas, la única solución era el Museo de Rodin, que cerraba a la una y media de la madrugada y se encuentra junto a Inválidos, bastante cerquita. La curiosidad que pudimos observar en este centro consistía en la visita de los jardines de noche y con linternas. Y en el interior, junto a las estatuas expuestas de distintos materiales, había pantallas planas en el suelo que mostaban gatitos bebiendo leche. « Va savoir » lo que querían decir.
09 octubre 2006
La nuit blanche
Creo que entre el 15 y el 16 de septiembre se celebró en París, una vez más, la Jornada del Patrimonio. Y una vez más, me la perdí. Se trata de un día de puertas abiertas, en el que se permite la entrada a monumentos y edificios emblemáticos de difícil acceso, y se amplían los horarios de aquellos más turísticos o, simplemente, conocidos. Da igual, me lo perdí. Hasta el año que viene.
Algo parecido ocurre con la Nuit Blanche, o vas el día que corresponde o te lo pierdes durante un año. ¡Qué angustia!. El año pasado me la perdí - of course - y este año llevaba una semana preocupada porque me la podría perder. Pero no, esta vez no, allí estuve, bien pasada la medianoche, asombrada, ante la cantidad de gente que se paseaba de un lugar a otro en la noche parisina, normalmente tan desierta a ciertas horas.
Durante la Nuit Blanche, que se celebró el sábado, abren sus puertas muchos edificios y centros culturales hasta altas horas de la noche, se supone que el metro funciona hasta que comienza el turno de mañana y hay exhibiciones y expociones por todos sitios. Sin embargo, lo de los horarios sigue siendo muy francés y cuando llegué al Museo Branly, no era ni la una de la madrugada, había finalizado la última visita. Luego, intenté entrar en el Hotel de Ville (es decir, el Ayuntamiento) pero la cola para escuchar música alternativa, bastante estridente y macabra, junto a no sé qué performance con balones gigantes negros, era de más de media hora. Así que abandoné. Por último, me di un paseo por el Marais y allí vi un par de acciones curisas, extrañas y divertidas. Como un hombre vestido de naranja, sobre una estatua a su imagen, en lo alto de la fachada de un edificio, iluminado como si fuera el giraldillo. O una especie de pulpo con brazos de fibra óptica que simulaba la lucha contra el sida y esto, atención, en el interior de una iglesia.
Algo parecido ocurre con la Nuit Blanche, o vas el día que corresponde o te lo pierdes durante un año. ¡Qué angustia!. El año pasado me la perdí - of course - y este año llevaba una semana preocupada porque me la podría perder. Pero no, esta vez no, allí estuve, bien pasada la medianoche, asombrada, ante la cantidad de gente que se paseaba de un lugar a otro en la noche parisina, normalmente tan desierta a ciertas horas.
Durante la Nuit Blanche, que se celebró el sábado, abren sus puertas muchos edificios y centros culturales hasta altas horas de la noche, se supone que el metro funciona hasta que comienza el turno de mañana y hay exhibiciones y expociones por todos sitios. Sin embargo, lo de los horarios sigue siendo muy francés y cuando llegué al Museo Branly, no era ni la una de la madrugada, había finalizado la última visita. Luego, intenté entrar en el Hotel de Ville (es decir, el Ayuntamiento) pero la cola para escuchar música alternativa, bastante estridente y macabra, junto a no sé qué performance con balones gigantes negros, era de más de media hora. Así que abandoné. Por último, me di un paseo por el Marais y allí vi un par de acciones curisas, extrañas y divertidas. Como un hombre vestido de naranja, sobre una estatua a su imagen, en lo alto de la fachada de un edificio, iluminado como si fuera el giraldillo. O una especie de pulpo con brazos de fibra óptica que simulaba la lucha contra el sida y esto, atención, en el interior de una iglesia.
19 julio 2006
Cine de hombres y bestias en la Villette
Ayer por la tarde decidí que en el piso hacía demasiado calor y que se debía de estar mucho mejor en el Parque de la Villette, tumbada en el césped frente a una pantalla gigante. Fue pensarlo y hacerlo, coger unas colchas para evitar la humedad de la noche y salir pitando dirección nordeste hacia ese lugar donde todos los años organizan el festival de Cinéma en plein air, cuya edición 2006 se dedica a la relación hombre/bestia (qué tema tan extraño, ¿verdad?, en fin, sobre gustos...). Las películas, siempre en versión original, subtituladas en francés, sólo empiezan cuando ya es de noche. De hecho, en el programa no se indica ninguna hora concreta. Ayer pusieron un largometraje japonés de animación: La princesa Mononoké. Y este jueves igual vuelvo, hay una película hispano-argentina, Bonbón el perro, que me ha despertado la curiosidad. Además, será mucho más fácil seguirla. Anoche había tantísima gente que entre los balanceos de los de delante y los abandonos a media proyección de otros muchos, no había forma de leer los subtítulos...y bueno, el japonés digamos que no es mi fuerte.
Más información: www.villette.com
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